El Volar de Los Gansos
El próximo otoño, cuando veas los gansos dirigiéndose hacia el sur para el invierno, fíjate que vuelan formando una V. Tal vez te interese saber lo que la ciencia ha descubierto acerca del porqué vuelan de esa forma. Se ha comprobado que cuando cada pájaro bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en V la bandada completa aumenta por lo menos un 71 % más de su poder que si cada pájaro volara solo. Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad pueden llegar a donde deseen más fácil y rápidamente porque van apoyándose mutuamente.
Cada vez que un ganso se sale de la formación siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y rápidamente regresa a su formación para beneficiarse del poder del compañero que va adelante. Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso nos mantendríamos con aquellos que se dirigen en nuestra misma dirección.
Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar. Obtenemos mejores resultados si tomamos turnos haciendo los trabajos más difíciles. Los gansos que van detrás graznan (producen sonido propio de ellos) para alentar a los que van adelante a mantener la velocidad. Una palabra de aliento produce grandes beneficios.
Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos se salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan acompañándolo hasta que está nuevamente en condiciones de volar o hasta que muere, y sólo entonces los dos acompañantes vuelven a su bandada o se unen a otro grupo. Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso nos mantendríamos uno al lado del otro apoyándonos y acompañándonos.
El círculo del 99
Había una vez un rey muy triste que tenia un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. El rey estaba como loco. No conseguía explicarse como el paje, estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó lo que sucedía.
- ¿Porqué él es feliz?
- Ah, majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
- ¿Fuera del círculo?
- Así es.
- ¿Y eso lo hace feliz?
- No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
- A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
- Así es.
- Y él no está.
- ¿Y como salió?
- ¡Nunca entró!
- ¿Qué círculo es ese?
- El círculo del 99.
- Verdaderamente no entiendo nada.
- La única manera para que entienda, sería mostrárselo en los hechos.
- ¿Cómo?
- Haciendo entrar a su paje en el círculo.
- Eso, obliguémoslo a entrar.
- No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, el entrara sólito, sólito.
- Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
- Sí, se dará cuenta.
- Entonces no entrará.
- No lo podrá evitar.
- Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él ¿y no podrá salir?
- Tal cual Majestad. ¿Está dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
-Si.
- Bien, esta noche lo pasaré a buscar. Debe tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más, ni una menos, ¡¡¡99!!!
- ¿Qué más? ¿Llevo a los guardias por si acaso?
- Nada más que la bolsa de cuero, Majestad, hasta la noche.
- Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron al alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarro la bolsa y le pincho un papel que decía:
- Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste.
Y la dejo en la puerta del sirviente. El sirviente agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra su pecho, miró hacia todos lados y entró a su casa. El, que nunca había tocado una de esas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacia brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas: Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis...mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60... hasta que formó la última pila: 9 monedas!!! Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.
- No puede ser - pensó - ¡Me robaron! - gritó. - Me robaron, ¡¡¡malditos!!! 99 monedas. Es mucho dinero - pensó. - Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo - pensaba. - Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.
El rey y su asesor miraban la escena por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se le habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa, la escondió entre la leña y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda numero cien? Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro para conseguirla. Después quizás no necesitaría trabajar más. Con cien monedas un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Saco el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. El mismo, después de todo, terminaba su tarea en el palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche. Saco las cuentas sumando esas extras, en siete años reuniría el dinero. Y así siguió durante horas haciendo sus cálculos... El rey y el sabio volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99!!!! Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entro a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.
- ¿Qué te pasa? - preguntó el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me pasa.
- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo, ¿no? Que querría su Alteza, ¿que fuera su bufón y su juglar también?
No paso mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.
Todos nosotros hemos sido educados con ésta estúpida ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y solo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta... Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida. Pero que pasaría sí la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro. Que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que ésta es solo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que seamos estúpidos, para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual... eternamente igual! Cuantas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están. Pero ojo, reconocer en 99 un tesoro no quiere decir abandonar los objetivos. No quiere decir conformarse con cualquier cosa. Porque ACEPTAR es una cosa y RESIGNARSE es otra.
Una Historia Simpática
Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura como siempre tan loca les propuso:
- ¿Vamos a jugar a las escondidas?
La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad, sin poder contenerse preguntó:
- ¿A las escondidas? ¿Y eso cómo es?
- Es un juego - explicó la Locura, - en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupara mi lugar para continuar el juego.
El Entusiasmo bailó secundado por la Euforia, la Alegría dió tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La Verdad prefirió no esconderse:
- ¿Para qué? Si al final siempre la hallaban.
Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y la Cobardía prefirió no arriesgarse. Uno, doa, tres... comenzó a contar la Locura. La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre se dejo caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol mas alto. La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio le parecía maravilloso para alguno de sus amigos:
- ¿Un lago cristalino? (ideal para la Belleza). ¿Qué si la hendija de un árbol? (perfecto para la Timidez). ¿El vuelo de la mariposa? (lo mejor para la Voluptuosidad). Una ráfaga de viento? (magnífico para la Libertad).
Y así terminó por ocultarse en un rayito de sol. El Egoísmo, en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo, pero solo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris) y la Pasión y el Deseo en el centro de los volcanes. El Olvido se me olvidó donde se escondió... pero eso no es lo importante. Cuando la Locura contaba 999.999, el Amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado hasta que divisó un rosal y estremecido decidió esconderse entre sus flores. Un millón - contó la Locura, y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la Pereza, solo a tres pasos de una piedra. Después se escuchó la Fe discutiendo con Dios en el cielo sobre Teología. Y la Pasión y el Deseo, se sintieron en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y claro, así pudo deducir donde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo que ni buscarlo. El sólito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse. Así fue encontrando a todos, el Talento entre la hierba fresca; la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arco iris (mentira, si ella estaba en el fondo del océano). Y hasta al Olvido... que ya se le había olvidado que estaba jugando a las escondidas... Pero solo el Amor, no aparecía por ningún sitio... La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del Planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencido diviso un rosal y las rosas. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas hasta que un doloroso grito se escuchó... Las espinas habían herido en los ojos al Amor. La Locura no sabía qué hacer para disculparse, lloro, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces; desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la Tierra: EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.
La Vaquita
Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vió a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata, le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado, entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de la familia y le preguntó:
- En éste lugar no existen señales de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?
El señor calmadamente respondió:
- Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, volteo hacia su fiel discípulo y le ordenó al aprendiz:
- Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco.
El joven espantado vió al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Más como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vió morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años. Un bello día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, acelero el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático. El joven preguntó por la familia que vivía allí hace unos cuatro años. El señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita):
- ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?
El señor entusiasmado le respondió:
- Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.
Descubre cual es tu vaquita.
El Portero del Prostíbulo
No había en aquel pueblo un oficio peor conceptuado y peor pagado que el de portero del prostíbulo. Pero, ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre.
Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos. Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio. Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones. Al portero, le dijo:
- A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.
El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero...
- Me encantaría satisfacerlo, señor - balbuceó - pero yo... yo no sé leer ni escribir.
- ¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto...
-Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo... No lo dejó terminar.
- Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte.
Y sin más, se dio vuelta y se fue. El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, por primera vez, desocupado. ¿Qué hacer? Recordó que a veces en el prostíbulo cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo. Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero que había recibido. En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debería viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha. A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.
-Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.
- Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como me quedé sin empleo...
- Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.
- Está bien.
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.
- Mire, yo todavía necesito el martillo. Por qué no me lo vende?
- No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.
- Hagamos un trato-dijo el vecino-Yo le pagaré a usted los dos días de ¡da y los dos días de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. Qué le parece? Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.
-Hola, vecino. Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
-Sí...
-Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.
El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue. ".. .No todos disponemos de cuatro días para hacer compras", recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas. En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes.
La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón. Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio.
Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. El era un buen cliente. Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha. Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, por qué no? las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos. Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de lectoescritura, las artes y los oficios más prácticos de la época. El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:
- Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela.
- El honor sería para mí - dijo el hombre. - Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.
- ¿Usted? - dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo - ¿Usted no sabe leer ni escribir? Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?
-Yo se lo puedo contestar - respondió el hombre con calma. - Si yo hubiera sabido leer y escribir...sería portero del prostíbulo!!!
Reportaje a Dios
Con mi título de periodista recién obtenido, decidí realizar una gran nota:
- Pasa - me dijo Dios. - ¿Así que quieres entrevistarme?
- Bueno, - le contesté - si tienes tiempo...
Se sonríe por entre la barba y dice: - Mi tiempo se llama eternidad y alcanza para todo. ¿Qué preguntas quieres hacerme?
- Ninguna nueva ni difícil para ti... ¿Qué es lo que más te sorprende de los hombres?
Y dijo: - Que se aburren de ser niños, apurados por crecer, y luego suspiran por regresar a ser niños.
- Que primero pierden la salud para tener dinero y enseguida pierden el dinero para recuperar la salud.
- Que por pensar ansiosamente en el futuro, descuidan su hora actual, con lo que ni viven el presente ni el futuro.
- Que viven como si no fueran a morirse, y se mueren como si no hubieran vivido, y pensar que yo...
Con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada deja de hablar. Sus manos toman fuertemente las mías y seguimos en silencio. Después de un largo tiempo y para cortar el clima, le dije:
- ¿Me dejas hacerte otra pregunta?
No me respondió con palabras sino sólo con su tierna mirada.
- Entonces Padre... ¿qué es lo que le pedirías a tus hijos para este nuevo año?
- Que aprendan, que no pueden hacer que alguien los ame. Lo que si pueden es dejarse amar. Que aprendan, que toma años construir la confianza, y solo segundos para destruirla. Que aprendan, que lo más valioso no es lo que tienen en sus vidas, sino a quien tienen en sus vidas. Que aprendan, que no es bueno compararse con los demás pues siempre habrá alguien mejor o peor que ellos. Que aprendan, que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita. Que aprendan, que deben controlar sus actitudes, o sus actitudes los controlarán. Que aprendan, que bastan unos pocos segundos para producir heridas profundas en las personas que amamos, y que pueden tardar muchos años en ser sanadas. Que aprendan, que a perdonar se aprende practicando. Que aprendan, que hay gente que los quiere mucho, pero que simplemente no sabe como demostrarlo. Que aprendan, que el dinero lo compra todo menos la felicidad. Que aprendan, que a veces cuando están molestos tienen derecho a estarlo, pero eso no les da derecho a molestar a los que los rodean. Que aprendan, que los grandes sueños no requieren de grandes alas, sino de un tren de aterrizaje para lograrlos. Que aprendan, que amigos de verdad son escasos, quien ha encontrado uno, ha encontrado un verdadero tesoro. Que aprendan, que no siempre es suficiente ser perdonado por otros, algunas veces deben perdonarse a sí mismos. Que aprendan, que son dueños de lo que callan y esclavos de lo que dicen. Que aprendan, que de lo que siembran, cosechan, si siembran chismes cosecharán intrigas, si siembran amor cosecharan felicidad. Que aprendan, que la verdadera felicidad no es lograr sus metas, sino aprender a ser feliz con lo que tienen. Que aprendan, que la felicidad no es cuestión de suerte sino producto de sus decisiones. Ellos deciden ser felices con lo que son y tienen, o morir de envidia y celos por lo que les falta y carecen. Que aprendan, que dos personas pueden mirar una misma cosa y ver algo totalmente diferente. Que aprendan, que sin importar las consecuencias, aquellos que son honestos consigo mismos llegan lejos en la vida. Que aprendan, que a pesar de que piensen que no tienen nada más que dar, cuando un amigo llora con ellos encuentren la fortaleza para vencer sus dolores. Que aprendan, que retener a la fuerza a las personas que aman, las aleja más rápidamente de ellos y el dejarlas ir, las deja para siempre al lado de ellos. Que aprendan, que a pesar de que la palabra amor pueda tener muchos significados distintos, pierde valor cuando es usada en exceso. Que aprendan, que amar y querer no son sinónimos sino antónimos: El querer lo exige todo, el amar lo entrega todo. Que aprendan, que nunca harán nada tan grande para que Dios los ame más, ni nada tan malo para que los ame menos. Simplemente los amo, a pesar de sus conductas. Que aprendan, que la distancia más lejos que pueden estar de Mi es la distancia de una simple oración... Y así, en un encuentro profundo, tomados de las manos, continuamos en silencio.
La creación del hombre y la mujer
En cierta ocasión se reunió Dios con todos sus ángeles, pues había decidido crear al hombre y la mujer; planeó hacerlo a su imagen y semejanza. Entonces uno de ellos dijo:
- Espera, Señor, si los vas a hacer a Tú imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al tuyo, fuerza e inteligencia igual a la tuya..., debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros y de Tí, de no ser así, estarías creando nuevos dioses. Debemos quitarles algo, pero, ¿qué les quitamos?
Después de mucho pensar, uno de ellos dijo:
- ¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad; pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás.
Propuso Gabriel: - Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.
De inmediato repuso Rafael: - No, recuerda que les dio fuerza, alguna vez alguien subirá. y la encontrará. y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde esta.
Luego propuso Miguel: - Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.
Y Rafael repuso: - No, recuerda que les dio inteligencia..., alguna vez alguien va a construir una máquina por la que pueda entrar y bajar, y entonces la encontrará.
Uriel dijo: - Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.
Y volvió a hablar Rafael: - Recuerda que les dio inteligencia, y un día alguien va a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros.
Dios había permanecido en silencio, escuchando atentamente cada una de las propuestas de los ángeles. Analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y les dijo:
- Creo saber donde ponerla para que realmente nunca la encuentren.
Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: - ¿Dónde?
- La esconderé dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontraran - dijo Dios.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así, el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.