Extraña cura
Un médico rural se queda sin combustible en el campo, a las 4 de la mañana. A lo lejos ve una lucecita, decide ir a buscar ayuda y empieza a caminar. Cuando llega a la tranquera, ve velas encendidas, gente llorando.
- Disculpen, – dice – me acabo de quedar sin combustible…
- ¡Ayl Se murió mi hija y usted me viene a pedir combustible!
- Señor, perdóneme, soy médico rural, tuve un accidente… pero digame ¿qué pasó? Cuénteme, por favor…
- ¡Me la trajeron de los pajonales!
- ¿Y la revisó algún facultativo?
- ¡No, no!
- ¿No me permitiría revisarla?
El hombre acepta, el médico entra y cierra la puerta. A los pocos minutos sale y dice:
- Señora, su hija está en estado catatónico, es… es como una muerte suspendida. Hay que darle un shock para que reaccione…
- ¿Y qué hay que hacer? – dice el padre.
- Y… hay que hacerle el amor.
- Ay, doctor, acá están los familiares, el novio… todavía no se casaron…
- Bueno, déjemelo a mí. En nombre de la ciencia, me voy a sacrificar.
El médico vuelve a entrar. Se queda ahí como dos horas. La gente golpeaba la puerta, preguntando si faltaba mucho. Sale la chica con algarabía, feliz gritando ¡Papá! ¡Papá! La gente levantaba al médico en andas, le van a buscar el auto, se lo llenan de combustible. Y ahí se terminaría la historia, si no fuera porque a los tres o cuatro meses, el médico rural decide pasar a saludar a esa gente tan amable. Al llegar, otra vez se encuentra con las velas, gente llorando y el padre en la puerta, le dice:
- ¡Se murió el abuelo!
- ¿Quiere que lo revise? – pregunta el médico.
- ¡No!… Hace una semana que lo estamos culiando ¡y no reacciona!
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