Herencia

El viejo Motl estaba agonizando, su larga vida llegaba al final. Terapia intensiva, el médico de guardia observaba como el anciano se dirigía a sus hijos, que lo acompañaban parados al lado de la cama.
- ¡¡¡Dvoire!!!, ¿estás ahí ? Para vos, hijita, todas las casas del barrio más residencial de la ciudad, te lo mereces por que siempre has sido una buena hija. ¡¡¡Shimele!!!, querido hijo mayor… A vos te dejo todos los edificios del centro, gracias a tu esfuerzo, he podido crecer económicamente y viajar tres veces a Isroel… Iósele…, ¿¿está Iósele aquí?? Para vos ínguele, las casitas del barrio obrero…
- ¡¡¡Cuántas propiedades que tiene, don Marcos!!! – dice el médico.
- Nooo… – responden los tres hijos – es que tenemos un reparto de soda a domicilio!

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